La fascia es el tejido que envuelve y conecta músculos, huesos y órganos. Cuando se vuelve rígida por una postura mantenida, una lesión antigua o el estrés, aparecen dolores difusos que no responden al masaje clásico: la espalda que «se carga» siempre por el mismo sitio, el cuello que tira hacia la cabeza, el hombro que no acaba de soltarse.
La terapia miofascial trabaja ese tejido con presiones mantenidas y lentas, buscando restricciones y esperando a que cedan. Es un tratamiento manual, sin aparatos, que se nota especialmente en dolores de larga duración.
Motivos de consulta habituales
- Dolor de espalda crónico o recurrente
- Cervicalgia y dolor de cabeza de origen tensional
- Hombro rígido o doloroso
- Tensión mandibular (ATM) y bruxismo
- Cicatrices adheridas tras una cirugía
- Sensación de rigidez general al levantarte
Cómo es la sesión
- Exploración de la movilidad y de los puntos donde el tejido no desliza.
- Trabajo manual lento sobre las restricciones, en camilla y en posiciones cómodas; las presiones son profundas pero no bruscas.
- Pautas para mantener lo ganado: estiramientos y cambios pequeños en la postura de trabajo o de descanso.
Preguntas frecuentes sobre terapia miofascial
¿Duele?
Se siente presión y a veces una molestia «que alivia» sobre la zona más tensa, pero no debe ser doloroso. Se trabaja siempre dentro de lo que toleras.
¿Cuántas sesiones hacen falta?
En dolores antiguos suele haber cambios desde las primeras sesiones, pero el número depende de cuánto tiempo lleve la restricción. Lo valoramos contigo en la primera cita.


